viernes, 22 de octubre de 2010

La huella de aquel mamón (Parte II)


¿Por qué tantas risas enlatadas y tanta jarana barata? De acuerdo seré sincero…no tengo vida, ¡ni siquiera soy padre de 5 gatos! Pero merezco una oportunidad más en el rasca de la Once ¿no creéis?. Sería injusto ver cómo cualquier pelagatos se lleva mis dinares y me deja en la calle Baker sin un centavo, restregándomelo a dos palmos de mi rictus, a estas alturas, seco y de un color más bien cétrido. Ya de muy niño, mi boticario de confianza me propinó un fantástico déficit atencional del que no salgo ni muerto azúcar. Mis padres eran dos granujas que se pasaban el día despilfarrando el dinero robado en chuches y otras ensaimadas. Mi peluquero me recomendó adoptar a un poni, pero le dije que eso me parecía muchísimo lío y que para eso apadrinaría a mi propio pene, porque era la palabra más parecida a poni que se me vino a la mente. Y hablando de penes…me acabo de acordar de las aventuras de mi intrépido miembro, ése si que se lo monta bien… y qué buenos momentos hemos pasado juntos…el muy capullo siempre se salía con la suya y conseguía meterme en un berenjenal de tomo y también lomo.
Recuerdo aquella vez en la que empezó a gustarme Chon, una chavala de gordura y belleza intermedia pero siempre dispuesta a hacerte un hueco en su nido. Llevaba unos pantalones sucios de trabajar en el campo y la camiseta del brazo porque pegaba bien el Lorenzo, cuando la vi llegar a lo lejos…¡Qué mujer! con su moñete bien prieto y sus pantalones pesqueros, algo que nos incitaba a todos los muertosdehambre a la más insulsa lujuria. El caso es que me invitó a tomar limonada y encurtidos que hacía su padre Don Simón en su oscura bodega, yo accedí medio embobado, como siempre y allí nos sentamos bien juntitos, y cuando pensaba que ella ya no iba a hacerlo…¡me sacó su...álbum de sellos de ancianos feos del mundo! Fue el mejor día de mi vida: vecina fea, bodega, encurtidos y sellos. (querido lector en la línea anterior hay un gazapo, encuéntrelo y gane hasta 3 paquetes de galletas de Tyranosaurios de marca blanca)

¡Ding-dong! Hora de descomer…ya he vuelto, he abierto y no era nadie de interés, sólo 5000 dólares en forma de Mormones con su característica cara de vinagre bailando en redondeles, sumidos en el más asilvestrado frenesí y todo este panorama a la puerta de mi casa...Sí, sí…lo sé, sé que esto puede parecer una locura pero… ¿y si llevo razón? ¿Y si resulta, que después de tantos años en chirona alimentándome a base de sopas con hondas amargamente, no hacía falta? ¿Es que nadie va a pensar en los niños? Estoy empezando a hartarme de tanta falta de interés…pero es que no puedo hacer nada más sociófilo que esto…o sí...Si pudiera montarme en esa atracción de las ferias que son como sillones que te dan la vuelta y a su vez rotan sobre una plataforma de un color muy sideral…Daría 5 duros por teletransportarme en un doner y aparecer cabalgando en un galápago gigante perteneciente a un pequeño asteroide de mármol del bueno, del bonito, del caro.

Y a lo lejos…tú y tu patito de goma, tú bebiendo soda y tu patito alucinando con ser un niño de verdad… ¿está drogado? ¡¡Oh, no!! ¡¡Has vuelto a beber, estás borracho!! ¿Cómo puedes hacerle esa nocillada a alguien que es un patito? ¿No te das cuenta de que ni siquiera es de verdad? YO ORGA-ÁNICO, TÚ MECA-ÁNICO. ¡Ala, mira! ¡La pared se está volviendo blandita! Las enredaderas del techo se escurren como boloñesos espaguezzis! Y entre tanto, Noriz Norzon, el gato de los chichos, intentando poner orden como un forestal….jaja ¡¡qué ridículo!! Merece quedarse sin soplar los petardos de la tarta de su propio cumple mes, por bobalicón y por pánfilo, sobre todo por pánfilo…mira que pretender arreglar todo levantando y bajando la pata…es de locos…

jueves, 30 de septiembre de 2010

La huella de aquel mamon (Parte I)

Querido lector, siéntese, póngase cómodo y sírvase algo fresquito porque esto va para largo y abróchese bien los pantalones, no siendo que coja usted frío y por ende, un retortijón y se pierda este inverosímil pero fascinante viaje a lo desconocido, al no va más del absurdo. Venga, dale.

Todo ocurrió hace 4 años lunares, es decir, 4 meses terrestres, en tan insólito escenario como lo era el aparcamiento para minusválidos del centro comercial del sur de Dakota del Norte (Stanford). Todo transcurría de forma normal hasta que al salir del supermercado cargado de bolsas con las viandas y bártulos para sobrevivir durante el frío mes de agosto, un tipo no menos taciturno que calvorota se interpuso en mi camino, impidiéndome avanzar con sus manos y piernas abriéndose y cerrándose en incómodas espirales que formaban roscos de viento. Le pensé caracol…o tal vez el caracol fuese  yo en esa espantosa pecera color crema en la que me había embutido sin comerlo ni beberlo, es decir, sin ton ni muchísimo menos, son. Y en ese preciso instante todo se tornó malva, de una suavidad casi imperceptible en ese tumulto de acelgas, que eran personas hechas piedra.

En fin, a todo el mundo le ha pasado esto alguna vez, así que no me haré de rogar a la hora de hornear cualquier dulce casero,porque si, las noches de luna llena me vuelvo panadero… Vivo en una caseta de las que sobraron en la Feria del Condado en Carolina de Mónaco (Suances), tan cálidas y acogedoras estas cabañitas con olor a vino picado y remolacha pasada y tan agradecidas a la hora de nunca limpiarlas... Ahí crié a mis más imperceptibles sonidos intestinales: Jondie, Frederic, Son Van Morrison y Timmer, el gordo del grupo. Lo cerdo es que me enfada sentirles hijos míos.

El resto fue todo cosa de Barry Farton, hijo microscópico de Dolly Parton. Él se hizo a sí mismo, era de esos a los que las conversaciones de padres a hijos se la sudaban pero bien, pues nunca hacia lo que debía, ya que eso le hacia apretarse el cinturón de Orión así como las tuercas, bien flojas por aquel entonces: el tío siempre tenía una buena frase con la que responderte, lástima que solo tuviese una: “Eso lo será tu madre” y cuidado no le pillaras en un su esplendorosa fase de cabreo, o lo que es lo mismo, plantando una piña, entonces te respondía muy airado “Algún día criaré a 2000 gorrinos y los adiestraré para aplastar tu maldita choza”. ¿Se puede saber quién demonios es Jondie? A estas alturas sobran presentaciones y gilipolleces, no merece la pena, así, no. Como era de suponer, la transacción de bedeles brillaba por su ausencia, pues todos habían emigrado hacia el oeste en busca de comida, como aquellos caprichosos y enfermizos pajarucos que poblaban los lechos del río Rindelbowl, nombre sacado de los mismísimos pasadadizos en donde se alojaban los tubérculos, nabos y otras insípidas hortalizas.

De repente sentí hambre, humedad y olor a quemado ¡Oh Dios maño, eran mis cabellos! He debido de quedarme dormido mientras hacía la cena y se me ha chamuscado el vello de la cabeza. En realidad, me he alegrado lo suyo de despertarme y ver que ese atajo de sucias mentiras no se hubiese enredado en mi bien curtida, cual embuchado ibéricum, vida real.


domingo, 29 de agosto de 2010

Vicisitudes de un anfibio

Era mediodía y la rana llevaba un largo rato dando absurdas lecciones a Siniestro y a Diestro, sus dos antiguos compañeros de periplos…¡Qué recuerdos trotando en la memoria cual potrillos vespertinos!  ¡Ay! esta rana inestable y parlanchina, qué cerca esta de rozar el sabihondismo muchas veces...¿Acaso no tendrá algo mejor que hacer que tararear la tabla del 5 al revés? Si a estas alturas todo el mundo sabe que la dichosa  tabla del  5 era la que menos guerra daba, y por desgracia era la única que nuestra ranita sabía y de ello se servía. Impacientes y aburridos, Diestro y Siniestro interrumpieron con un ataque de tos el meeting de la rana y le propusieron  hacer un descansito indefinido -éstos se recolocaron con prontitud sus sombreros y se marcharon con viento fresco con idea de no volver-.  

Pero ¡qué demonios! ¡olvida todo lo anterior! Pues la rana tan sólo era una metáfora de mi volátil voluntad echa añicos por un portazo…A ritmo de bolero, mis azules pensamientos zizgagueaban de la cocina al salón y del balcón al corazón de un jilguerillo trovador…¡Cuánta poesía hay en la tiza de los ladrillos! ¡Y cuánto escozor latente en los arañazos de los gaticos! No siendo que te demores en el recital de máscaras venezolanas (que no venecianas), te acompaño al portalón del diluvio de verano en el que juegan distraídos los perretes y los bardos.


Confesiones de retrete

Tres horas de digestión pesada fueron suficientes para gestar vida en el interior del viejo Renato…La fabada empecinada y despiadadamente especiada y el avestruz agridulce con panceta, edulcorado con una buena bandeja de tocinillos de cielo surtieron su temido efecto. Un nuevo explosivo se cocinaba lentamente en el estómago del empachado anciano, que respirando con dificultad se mecía en la incómoda silla de mimbre del porche. Una neblina de modorra se cernía sobre él, inmovilizando cada músculo y ápice de su arrugado cuerpo. El hombre experto en obviar la mesura a la hora de ingerir, esperaba pacientemente el momento del desembuche intestinal, que le permitiría volver a la realidad, pues es necesario aclarar que se encontraba en un estado más cercano al delirio y a la alucinación que a al normalidad comúnmente entendida.



La tarde pasaba lentamente y Renato seguía inmóvil, pesado, lento y torpón a causa de su terrible y plomizo empacho…Comenzaba a exasperarse, ya que aún no veía cercano el momento de liberarse de tan pesada losa gástrica…Aunque Renato era un hombre de pueblo, de maneras bruscas y sensibilidad humana casi imperceptible, siempre ha destacado por su meticulosa observación y posterior retención de la información…cualidades, ya ven, sorprendentemente contrapuestas, sí.



En esta ocasión su memoria de elefante le sirvió para acordarse de lo bien que resultaba el café para desatascar las tuberías cuando éstas, estaban obstruídas por bellotas, piedras, grasa de poni, gominolas, peces pasados, fruta escarchada, bollería industrial caducada y toneladas de harina, hasta la médula espinal (en una ocasión llegó a encontrarse un casette de chistes de Eugenio atascada en el interior del sifón). Cuando era niño y veía cómo su abuela con tan sólo unas briznas de café soluble hacía desaparecer aquella colosal cantidad de basura de las tuberías…¡le parecía una auténtica obre de magia! Así, el bueno de Renato, enfrascado en tan insólitos pensamientos, recobró parte de la lucidez y pensó en aplicarse el cuento, ergo el soluto ungüento. Tal fue así, que retozó y zozobró hasta la cocina, en busca de una portentosa taza de café bien cargada. Sorbióla con ansiedad y de vuelta a la silla de mimbre, esperó a que los poderes de tan asombrosa pócima hiciesen efecto.



Cinco minutos bastaron, para que Renato, sacudido como un olivo en temporada, saliera de su sopor y comenzase a vibrar con el nuevo fervor que nacía de su estómago…¡Qué extraña mezcla de alegría e impaciencia! Ahora debería poner toda su atención en que saliese bien tan esperada operación.

Saltó de la silla y trotó raudo cual centella al excusado (letrinas, baño, retrete, wáter, como guste llamarlo) y se plantó con solemne admiración ante su viejo compañero de fatigas, su leal guardían de secretos y silencios (y también algún que otro ruido), aquel al que acudía cuando se veía en apuros y que tan bien recibía a los más necesitados…Sólo ÉL sabía lo que había en su interior, sólo él conocía su intención. Humilde y de pocas palabras, prefería escuchar que hablar, siempre agradecido con lo que recibía de cada uno (unas veces más, otras no tanto) y siempre expectante y con la puerta abierta a todo aquel que quisiera acercarse…En efecto, un gran camarada, imprescindible en la vida de cualquier persona.


Acercóse nuestro hombre con decisión y se predispuso a ejecutar su acción, sorteando con facilidad las dificultades propias de cualquier principio, llegó hasta el final con valentía y terminó lo empezado con templanza y satisfacción: por fin se había liberado de la opresión de su interior, por fin, brillaba la luz del sol.


Despidióse de su amigo con una pequeña reverencia y salió por la puerta grande con aire de triunfador. Otra batalla ganada. Después de todo, nunca un retrete fue tan bien aprovechado.


El Imaginario de Mulhadara

Cuando las ideas delirantes revolotean desordenadas en la imaginación, cuando ya no tienes estanterías vacías dónde apilarlas, ni cajoncitos de sastre suficientes donde guardarlas, uno (en este caso una) necesita crear un espacio, aunque sea virtual, en el que depositar cuidadosamente cada una de esas estupideces...Ya que no es bueno guardarse todas las tonterías para uno, siempre es mejor compartir...y todo sea en pro de la salud mental, ya de paso sea dicho.

Advertencia: muy posiblemente este blog carezca de lógica alguna, por lo que no es apto para aquellas personas muy críticas, serias y racionales, podrían desestructurar sus equilibradas mentes y no volver a ser...los mismos.

Sin más dilación, me dispondré a revolver la caja de las sandeces, como si de un bombo de bingo se tratase, a ver qué encuentro, a ver qué sale, a ver si hay suerte. 
Bienvenidos al Mundo del Absurdo. Disfruten.